Seleccionar página
La escuela de Kuisa no es un negocio
4 de noviembre de 2026
Cinco niños wayuu con uniforme azul frente a su escuela rural al atardecer en La Guajira, con una mesa de madera con platos de comida escolar y uno de ellos vacío
Comparte con otros

En el corregimiento de Taparajín, en Uribia, hay una escuela que significa mucho para su gente: la Institución Etnoeducativa Integral Nuestra Señora del Carmen de Kuisa. Allí estudian nuestros niños wayuu. Allí aprenden a leer, a escribir y a soñar. Por eso quiero hablar hoy de algo que está pasando y que no podemos dejar pasar en silencio: la elección del nuevo rector o rectora.

Para muchos, elegir rector parece un trámite más. Para mí no lo es. Quien dirige una escuela decide cómo se enseña, cómo se cuida a los niños y cómo se usan los recursos que llegan para ellos. Por eso esta elección es una oportunidad muy importante. Y también puede ser un gran error si se hace mal.

Lo que está pasando. En esta institución la decisión la toman las autoridades de cada una de las sedes. Hoy se conocen tres candidatas. Dos de ellas parecen tener más apoyos. Pero en la comunidad se comenta que esos apoyos no nacen del bien de los niños, sino de la conveniencia de algunos adultos.

Hay una cuarta aspirante. Es docente, ha vivido toda su vida en este territorio, habla wayuunaiki y español, y conoce de cerca la realidad de nuestras familias. La gente siente que su interés no viene de afuera ni busca aprovecharse de recursos o de proyectos. Sencillamente le importan los niños. Sin embargo, solo cuenta con el voto de una sede.

Me preocupa también la manera de decidir. En una de las sedes la comunidad se reúne, conversa y escucha antes de dar su voto. Así debe ser. Pero en otras sedes no pasa eso: decide una sola persona, sin preguntarle a nadie. Cuando una sola persona decide por todos, es fácil que gane lo que le conviene a alguien y no lo que necesitan los niños y la escuela.

Otra cosa llama la atención: las candidatas con más apoyo no viven en la comunidad ni en ninguna de las sedes, y no hablan wayuunaiki. ¿Cómo va a dirigir bien una escuela etnoeducativa alguien que no puede conversar con los padres, con los abuelos y con los niños en su propio idioma? La etnoeducación no es un nombre bonito en un letrero. Es enseñar desde la cultura, la lengua y el territorio que son propios.

Lo que duele. La comunidad también ha visto cosas que duelen. Se habla de contratos donde algunas personas cobran sin trabajar, mientras hay gente de aquí que quiere trabajar y no le dan la oportunidad. En programas tan importantes como la alimentación escolar y la canasta, se ve personal que no cumple su función, y hasta se registran varias personas en una misma sede sin necesidad. Si esto es así, es muy grave. La comida de la escuela es para los niños. No es para pagar favores. Cada plato que no llega completo es un niño que estudia con hambre. Por eso hago esta advertencia: si el rector se elige pensando en quién va a manejar los contratos y los puestos, la escuela deja de ser una casa de educación y se convierte en un negocio. Y en ese negocio los que siempre pierden son los niños.

Mi llamado. Quiero hablarles con respeto, pero con firmeza, a quienes tienen esta decisión en sus manos.

A las autoridades tradicionales de cada sede: ustedes tienen la palabra de su gente. Úsenla para cuidar a los niños, no para negociar. Antes de votar, reúnan a la comunidad y escúchenla.

A los directivos y docentes de la institución: ustedes saben quién conoce el camino de la escuela. No se queden callados.

A la Alcaldía de Uribia y a las autoridades de educación: este proceso necesita ojos atentos. Pido que se revise que la elección sea limpia, que se tenga en cuenta el mérito, la preparación, el conocimiento de la lengua y del territorio, y que se aclaren las dudas sobre los contratos y el programa de alimentación.

Y a la Personería y a los organismos de control: les pido que estén atentos y acompañen este proceso, para que nadie haga trampa.

La pregunta que dejo. ¿De verdad lo único que importa son los votos? ¿O también debe importar quién conoce el territorio, quién habla wayuunaiki y quién trabaja de corazón por la gente?

Yo creo que la respuesta es clara. La educación de los niños de Kuisa no puede ser moneda de cambio. Es la semilla de lo que seremos mañana. Quien llegue a la rectoría debe llegar a servir, no a servirse. Los niños no votan, pero son los que más tienen que perder. Hoy les toca a los adultos decidir pensando en ellos.

Y como dijo el filósofo de La Junta: «Se las dejo ahí…» @LColmenaresR


Comparte con otros

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *