Seleccionar página
Tierra sin dios, sin ley, y sin gobierno…
26 de enero de 2026
Tierra sin dios, sin ley, y sin gobierno…
Comparte con otros

Cada día que amanece en La Guajira la gente se pregunta si volverán a vivir la misma pesadilla. En solo 23 días de 2026, se han registrado 33 homicidios bajo la modalidad de sicariato. Son treinta y tres familias destrozadas. Son treinta y tres gritos de auxilio que cayeron en oídos sordos. Son treinta y tres razones por las que La Guajira se ha convertido en una tierra sin dios, sin ley y, sobre todo, sin gobierno. Pero es más escalofriante la indiferencia de quienes gobiernan en el departamento.

La respuesta oficial ante esta violencia desbordada ha sido tan preocupante como la situación misma. Según el cinismo del secretario de Gobierno departamental, prodigio de la administración pública, Misael Velásquez Granadillo, los hechos “no se deben al incremento de violencia social generalizada”, porque “en una alta proporción las víctimas registran antecedentes judiciales”. Y que “Estamos ante un reacomodo criminal típico cuando el Estado intensifica acciones de control a estructuras y cabecillas que afecta la renta ilegal”. ¡Por favor! 

¿De verdad creen que eso justifica algo? ¿ Acaso la vida de una persona con antecedentes vale menos que la de cualquier otro ciudadano? Decir que los muertos “tenían antecedentes” no disminuye el horror ni el temor de la gente; es una explicación absurda que roza la indolencia. 

La Constitución Política no hace distinciones cuando ordena proteger la vida, honra y bienes de todos los ciudadanos. Pretender minimizar la ola de crímenes porque supuestamente “se están matando entre delincuentes” es, en el fondo, claudicar en el deber de garantizar la seguridad ciudadana. Si de verdad fuera solo un “reacomodo” entre criminales, ¿dónde están las capturas de los cabecillas de estos grupos delincuenciales? Es falta de autoridad y liderazgo. Es ineptitud.

La cruda realidad es que ni la Gobernación ni muchas alcaldías están a la altura de esta emergencia para proteger a la gente. Están más interesados en cuidar su imagen con la vanidad de las redes sociales grabando videos para Facebook e Instagram, y en la politiquería de promover a sus candidatos. No entienden que la tranquilidad no se recupera con discursos vacíos ni con mensajes en Twitter, sino con acciones concretas.

Hay un temor evidente del gobernador y los alcaldes para tomar decisiones drásticas no vaya a ser que “pierdan votos”. Pero esa cobardía política les va a salir cara: el pueblo, cansado de tanta inseguridad y abandono, les pasará factura, por la ineptitud de quienes ocupan los cargos de poder en La Guajira. La única campaña que debería importarles en este momento es la campaña por devolverle la tranquilidad al departamento.

La inseguridad en La Guajira no solo se mide en homicidios. También se siente en el caos de las vías. Cualquier motivo provoca un bloqueo de carretera: hoy es un accidente de tránsito, mañana será la falta de agua o de luz, pasado mañana cualquier otra razón.

La Guajira está cansada de ser noticia solo por tragedias: los niños que mueren de hambre en la Alta Guajira, las interminables filas de migrantes, los escándalos de corrupción política… y ahora esta ola de violencia sin control. Todo suma a la histórica lista de penurias, pero la de vivir con el alma en vilo por la delincuencia es la gota que reboza la copa. No es posible resignarse a vivir atrapados entre balaceras y bloqueos, mientras los encargados de velar por la seguridad miran para otro lado. 

Como guajiro, le exijo al gobierno departamental y a los alcaldes que se pongan los pantalones de una vez por todas. Que dejen la campaña y gobiernen; que dejen el TikTok y enfrenten a los criminales. Que se articulen con la Fuerza Pública en operativos reales, eficaces, sostenidos en el tiempo.

La tranquilidad no se logra diciendo que los muertos “eran delincuentes” o que esto es un “reacomodo de fuerzas”. La paz en La Guajira no llegará por arte de magia ni con discursos condescendientes. Llegará cuando haya voluntad política de enfrentar el problema: capturando a los jefes criminales, desmantelando sus redes, previniendo el delito en los barrios y respondiendo con autoridad ante cada amenaza.Y como dijo el filósofo de La Junta: «Se las dejo ahí…” @LColmenaresR


Comparte con otros

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *