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Discúlpeme, señor presidente, pero así no es
26 de octubre de 2026
Atril presidencial vacío con micrófonos y la sombra de un dedo que señala, frente al desierto agrietado de La Guajira, donde una mujer wayuu camina con una niña hacia el mar al atardecer
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Señor presidente Abelardo de la Espriella, le escribo con el respeto que merece la dignidad de su investidura.

Viendo el video de su llegada a San Andrés, delante de oficiales de la Armada, de escoltas y de cámaras, usted regañó a la gobernadora y a una representante a la Cámara, y de paso mencionó los negocios del esposo de una de ellas. No era la primera vez que había una actitud similar de su parte. Antes pasó algo parecido con el alcalde de Sincelejo, los rectores de las universidades de Córdoba y La Guajira, funcionarios de Arauca, entre otros. Y le confieso que cada vez que veo una de esas escenas pienso lo mismo: así no se pone orden, señor presidente; tiene que serenarse.

No dudo de su indignación. Yo también la siento. Estamos de acuerdo en lo fundamental: los recursos públicos son sagrados, y quien se los roba le quita la comida, la salud y la escuela a la gente. Pero usted es el presidente de la República y tiene en sus manos todo el poder legítimo del Estado. No necesita poner a nadie en la picota pública para hacer justicia. Si usted tiene pruebas de lo que dice, preséntelas ante los órganos de control y judiciales para que hagan su trabajo. Así la sanción llega por un proceso y la verdad no queda a merced de la rabia de un día. Y si el señalado resulta inocente, ninguna rectificación le devolverá el buen nombre que perdió frente a todo el país.

Le pregunto con todo respeto, señor presidente. ¿No le parece que, si los órganos de control y judiciales cumplieran su deber de manera efectiva y oportuna, estaríamos en una situación muy distinta? Entonces, ¿por qué no les habla a ellos de la misma forma? Si alguien merece un llamado enérgico del jefe de Estado, es quien tiene el deber de investigar y sancionar y no lo hace, o lo hace tarde y mal.

Me preocupa que llegue el día y alguien le diga cuatro cosas en la cara, como usted se las ha dicho a otros. Eso no le haría bien a usted, ni a la dignidad del cargo, ni al país. El tono que se usa desde arriba termina marcando el tono de todos.

Hay otra cosa que me inquieta como guajiro. Para combatir la corrupción no se puede ser selectivo. En otras partes usted ha señalado sin rodeos a la clase política. Pero cuando vino a La Guajira, el único señalado fue el rector de nuestra universidad, y hasta hoy no se conoce prueba alguna. Sobre los que de verdad han saqueado el departamento no dijo nada.

Y es que, en La Guajira, en los últimos veinte años, los gobernantes se han robado todo menos el aire y la luz del sol. A los corruptos de mi tierra no se les ha escapado nada. Desde que usted se posesionó, no le he escuchado una palabra ni le he visto una acción contra ellos.

Le propongo un ejercicio sencillo, señor presidente. Sume la plata de regalías y del Sistema General de Participaciones que la Nación ha girado a La Guajira en estas dos décadas, y después búsquela en la solución de los problemas de la gente. No va a encontrar un peso invertido.

Con los recursos de los resguardos indígenas pasa lo mismo: se los roban y los niños wayuu siguen muriendo de desnutrición. Lo he visto de cerca como veedor en el seguimiento de la Sentencia T-302 de 2017. Hace casi diez años la Corte Constitucional declaró un estado de cosas inconstitucional, y esa tragedia todavía espera una respuesta seria del Estado.

Ahora viene una nueva oportunidad, y con ella un nuevo peligro. Van a llegar regalías por la renovación del contrato de Cerrejón y por la explotación del gas del pozo Sirius. Si esa plata no se blinda desde el primer día, va a terminar igual en el bolsillo de políticos y gobernantes.

Por eso le propongo algo concreto: un plan de obras a treinta años, financiado con la pignoración de esas regalías. Los proyectos se definirían con las comunidades, la Nación haría el seguimiento técnico, habría control fiscal desde el principio y veeduría ciudadana permanente. Eso sería un legado que los guajiros le agradecerían por generaciones.

Señor presidente, La Guajira necesita justicia, instituciones que funcionen y un gobierno que cuide cada peso desde el comienzo. Para esa tarea cuente conmigo. Para exponer a la gente en público, no.

Y como dijo el filósofo de La Junta: «Se las dejo ahí…» @LColmenaresR


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